lunes 29 de junio de 2009

EL CORAZÓN DEL HIGHLANDER



..."La novela de Walter Scott Quentin Durward - junto con Ivanhoe, una de sus creaciones más conocidas - se publicó en 1823, un año después de los excitantes acontecimientos que condujeron al descubrimiento de la espada del rey y al desmantelamiento de la Hermandad de las Runas. El héroe de la novela es un hombre nacido en Escocia que, en la Francia de Luis XI vive emocionantes aventuras en las que se distingue por su valor e intrepidez.

La espada del rey fue llevada, después de ser descubierta por sir Walter, a la ciudad de Edimburgo, donde se entregó, junto con las restantes insignias reales, a Jorge IV. Así se convirtió en símbolo del Reino Unido y de una Escocia que dejaba atrás su pasado e iniciaba un nuevo futuro.
Actualmente, la espada puede contemplarse en el Museo Real de Edimburgo, aunque la historia oficial ofrece una versión distinta de los acontecimientos que condujeron al hallazgo del arma y de las restantes insignias. Según se dice, sir Walter Scott y el gobernador del castillo de Edimburgo descubrieron la espada real cuando en 1818 abrieron una cámara secreta en la sala del trono del castillo, que había permanecido cerrada durante mucho tiempo. Nadie que contemple hoy la valiosa arma podría imaginar la azarosa historia que se oculta tras ella..."

Trece Runas, Michael Peinkofer.


En efecto, azarosa y enigmática son dos términos que caen como guantes en la Historia de Escocia. Luchas de poder enraizadas en oscuras tradiciones druídicas, y en el enfrentamiento oculto de Wiliam Wallace y Robert De Bruce.

La ciudad de Teba, provincia de Málaga, echó el cierre a una etapa de esta história al inaugurar el centro de interpretación dedicado a la memória de sir James Douglas, el caballero escocés muerto en el 1389 cuando auxiliava el rey Alfonso XI en las guerras de reconquista.

James Douglas pasaba por España con un nutrido grupo de caballeros escoceses hacia Tierra Santa en el cumplimiento de una promesa hecha al entonces rey de Escocia, Robert I, conocido como Conde De Bruce. Le había prometido llevar su corazón enbalsamado a las cruzadas, antiguo deseo guerrero nunca cumplido.

De Bruce era tataranieto de David I, rey escocés de tintes bíblicos hartamente explotado por el cristianismo gaélico. Protagonista de la mítica batalla de Bannockburn, en la que un contingente de menos de 6.500 soldados escoceses derrotó a más de 20.000 ingleses, seis meses después de la ejecución de Wallace, el mártir de corazón valiente.

Voy a emular libremente al escritor Grahan Hancock y sacar mis próprias conclusiones basadas en hechos que admiten no pocas conjeturas: el resultado de Bannockburn es digno de las mejores crónicas tejidas alrededor del Arca de la Alianza, supuestamente en poder de los Templários. Reza la tradición en torno a esta mítica batalla que la participación de 400 caballeros Templários fue decisivo en el resultado victorioso.

De Bruce murió pronto debido a la enfermedad de la Lepra, dolencia también muy asociada a las tradiciones de la Arca. Y aquí ya me he pasado los cinco pueblos permitidos y no me extenderé más, no va a ser que comulgue demasiado con el método deductivo hancockiano y comprometa mi seriedad. Enfin, fantasear de vez en cuando es hasta saludable. Sugiero una ojeada a la pintura de Poussin "La peste de Azoth", obra hermética donde las haya, aqui están el Arca y un primer ensayo de los pastores de Arcadia a la izquierda:


jueves 11 de junio de 2009

UNA VISIÓN MUY PARTICULAR DEL PARAÍSO


Querría compartir en este espacio una historia especial, para mí especialmente bella, la intersección definitiva en la historia de la espiritualidad.

En 1940 un clan de indígenas Tupi-Guaraníes emprendió una marcha histórica en busca del mito de la "Tierra sin Males", guiados por su jefe y sacerdote Miguel Venites. Partiendo desde el litoral sul de Brasil y siempre bordeando la costa, hacia el norte del país. La Tierra sin Males forma parte de la mitologia guaraní y significa la libertad compartida con la divinidad suprema, como su própio nombre lo dice. Para nosotros un mito, para ellos una realidad inconteste.
A la altura del estado de Sao Paulo um órgano de protección indígena los recogió en una comunidad donde estuvieron retenidos por más de 10 años hasta que, retomaron novamente la búsqueda bordeando el litoral. De esta vez, apenas 20 Guaraníes siguieron a Venites, los demás abandonaron las sagradas costumbres relajados por las facilidades de la reserva. Pero Venites falleció pronto, dejando a su mujer la responsabilidad espiritual y social de su pueblo.

Tatanti-Roa-Retée prosiguió hasta el litoral de Rio de Janeiro, dónde se quedaron por más 6 años. Esta segunda parada en la odissea de la Tierra sin Males se debió a que el segundo marido de Tatanti deseaba quedarse en Parati, pues lo creía suficientemente perfecto. Pero Tatanti sabia que la busca no había finalizado, y dejó a su segundo marido llamado Kuaraí, para cumplir lo prometido a Venites, de guiar su pueblo hacia el paraíso.
La marcha duró mas algunos años hasta que alcanzaron la costa de la Província de Espírito Santo, donde finalmente tuvieron el primer presentimiento de que alcanzaban su objetivo. La impresión fue confirmada cuando se encontraron con un grupo de Tupiniquins que allí vivían felices y satisfechos. Se quedaron con ellos hasta mediados de 1970, cuando fueron expulsos por una multinacional americana de celulosa que adquirió el terreno.

Después de más de 2 años de marcha por la Província otro órgano de protección, la FUNAI, vino a recogerlos en otra reserva local. Tatanti-Roa-Retée protestó contra la mudanza. Esta sacerdotisa de carácter firme era una perfecta guardiana de su gente y de su pureza racial, hasta el punto que paralisaba la marcha siempre que habia algun joven en condiciones de casarse. Buscaba entonces, en las reservas indígenas de alrededor otro joven también guaraní, y de este celo no escapó ni siquiera su hijo predilecto, Veramin, enamorado de una joven Tupiniquim. Los Guaraníes siempre se casan entre sí, y sólo hablan el Tupi, porque el portugués es proibido por su líder.

En 1976 escaparon a la vigilância de la FUNAI prosiguiendo la busca sagrada. La sorpresa fue cuando encontraron el antiguo jefe Kuaraí viviendo entre los Tupiniquins expulsados de la zona. Todos reunidos novamente, la líder religiosa tuvo la inspiración de que la Tierra sin Males se encontraba a pocos pasos de donde estaban, en una insólita e solitária floresta, cercada por el mar, en los terrenos pertenecientes a la multinacional.

Y aqui es la parte más bella de la história: en este brazo de tierra que solamente se puede alcanzar por barco, en el litoral del Espírito Santo brasileño, Tatanti conversó con Tupan y dio por encerrada su búsqueda.

El hombre blanco nunca ha pisado esta tierra, adquirida para alojar los animales expulsados de la inmensa selva natural utilizada para el cultivo de eucaliptos, materia prima de la celulosa.

La certeza de que la divinidad reside en esta porción de tierra es tan grande que várias veces se enfrentaron a contingentes policiales enviados a sacarlos de allí. Jamás permitirán que un profano pise tierra sagrada o invada el espacio dónde reside( literalmente) Tupan.

Debo confesar que no he vuelto a conocer tamaña demostración de fe y perseverancia.
Y la posibilidad, la mera posibilidad de que la existencia divina sea algo más que una metáfora me marcaron para siempre. Gracias Tatanti, por haberme devuelto la certeza más cara.

lunes 8 de junio de 2009

LA ORDEN DEL ESPÍRITU SANTO - LA GLORIA DEL CARDO II


La Orden del Espíritu Santo (Ordre du Saint-Esprit) fue, durante más de dos siglos y medio, una orden de caballería prestigiosa al servicio de la Monarquía Francesa entre 1578 y 1791, y de 1814 a 1830. Su importancia y prestigio fue grande en Europa hasta el punto de figurar entre otras prestigiosas ordenes de caballería de primer rango como la del Toisón de Oro (fundada en Borgoña en 1430) y la de la Jarretera (fundada en Inglaterra en 1348).

Cuando el rey Enrique III de Francia -último representante varón de la Casa de Valois-Angulema- fundó la Orden del Espíritu Santo, cuyo doble objetivo era el de honrar a Dios y reunir entorno al trono a un buen número de caballeros leales a la Corona, en un intento de poner en jaque a los miembros de la Liga concentrados en torno al Duque de Guisa, su rival que le disputaba el poder y acariciaba la idea de destronarle y coronarse rey.
También respondía a la necesidad del rey de crear una orden que sustituyera la de San-Miguel, creada por Luis XI en 1469, y cuyo desprestigio se había producido por una concesión indiscriminada hasta el punto que muchos grandes señores habían rechazado recibirla, a lo largo del siglo XVI.
La fundación de la orden se produjo el 31 de diciembre de 1578, día del Pentecostés, por la que el rey sentía gran devoción, y en recuerdo a su ascención como rey de Polonia (11 de mayo de 1573) y finalmente como rey de Francia (30 de mayo de 1574).

Enrique III dispuso que la vieja Orden de San-Miguel fuera integrada en la nueva orden creada por él, quedando patente en la cruz de ocho puntas con su anverso decorado con la paloma blanca que simboliza el Espíritu Santo, y con su reverso decorado con la figura del Arcángel San Miguel abatiendo al Demonio.

Sin embargo, la Orden de San-Miguel se siguió concediendo a eminentes figuras de las Bellas Artes y Letras de Francia, y a sus receptores se les conocían como "Caballeros del Cordón Negro", ya que la banda de la Orden creada por Luis XI era de muaré negro desde el 12 de enero de 1665. Mientras que a los caballeros de la Orden del Espíritu Santo se les conocía como "Cordon Bleu" (cordón azul), puesto que la banda era de muaré azul.

Inicialmente reservada a los más altos dignatarios del reino, fue el primer monarca de la Casa de Borbón, Enrique IV, quien permitió a un restringido número de monarcas y grandes señores extranjeros de confesión católica a ingresar en la orden. Un impuesto específico conocido como Marco de Oro, fue instaurado para financiar las necesidades de la Orden cuya sede se situaba en el Convento de los Grandes Agustinos en París. Su divisa era: "Duce et Auspice".
Suprimida en 1791, durante la Revolución Francesa, junto con otras órdenes de caballería, la Orden del Espíritu Santo fue restablecida en 1814 por el rey Luis XVIII y definitivamente abolida por Luis-Felipe I en 1830.
Pese a todo, siguió siendo llevada y concedida por diversos pretendientes al trono de Francia.


Organización


La Orden era dotada de la personalidad moral, lo que permitía al soberano utilizarla para levar préstamos. La dirección era reservada al rey, único soberano y gran maestre de la Orden. Su administración era confiada a varios oficiales, siendo los más importantes los comendadores. Se distinguían varias clases entre sus miembros:
-los Caballeros: no rebasaban el centenar, siendo escogidos entre la más alta nobleza del reino. El rey podía escoger teóricamente a cualquier noble que pudiera dar pruebas de tres grados de nobleza (eso es, tres generaciones nobles en sus ascendencias paternas y maternas); los de nobleza de reciente creación eran naturalmente excluídos. Para ser caballero de la Orden del Espíritu Santo, se tenía que pertenecer previamente a la Orden de San-Miguel -integrada en la del Espíritu Santo desde el reinado de Enrique III-. Por ello, generalmente, se conocían a los caballeros de la Orden del Espíritu Santo como "Caballeros de las Ordenes del Rey".
Entre los agraciados, se cuentan a innumerables miembros de las familias ducales francesas.

-los Comendadores: eran ocho eclesiásticos. La Orden debía contar en su orígen con cuatro cardenales o arzobispos y cuatro obispos, aunque esta disposición no siempre fue respetada a rajatabla. El Gran Limosnero de Francia era comendador-nato de la Orden y, por tanto, no era tomado en cuenta entre los ocho comendadores. Los comendadores, por su pertenencia al Clero, no podían ser Caballeros de la Orden de San-Miguel.
-los Comendadores-oficiales: se trataba de los cuatro altos oficiales de la Orden, como los caballeros y también eran Caballeros de la Orden de San-Miguel. Los cuatro comendadores-oficiales eran:
-el Canciller y Guardián de los Sellos.
-el Preboste y Maestro de Ceremonias.
-el Gran Tesorero.
-el Secretario.
Para éstos no existía condición alguna de nobleza, por lo que el rey podía utilizar esas funciones para honrar a personas de nobleza reciente o de nuevo cuño. Los ejemplos más conocidos fueron los ministros Colbert y Le Tellier, o el rico financiero Antoine Crozat, titular del marquesado du Châtel creado para él por Luis XIV, y que fue Gran Tesorero de la Orden. Estos cargos podían, sin embargo, ser ejercidos por los caballeros o comendadores eclesiásticos. Por tradición y remontando a Guillaume Pot de Rhodes, el Preboste y Maestro de Ceremonias debía demostrar sus ascendencias nobles como los caballeros.






La insignia de la Orden se asemeja a la célebre Cruz de Malta, de cuatro brazos y terminados en ocho puntas. Entre los cuatro brazos de la cruz, una flor de lis. En el centro, una paloma con las alas desplegadas y la cabeza mirando hacia abajo.

Durante las ceremonias, la cruz de los oficiales y de los comendadores-oficiales era colgada a un collar de oro y esmaltes, cuyos eslabones unían diferentes motivos intercalados: flores de lis, monograma real coronado del rey Enrique III y Trofeos de Armas. Pero, por norma, la cruz solía colgar de una amplia cinta de muaré azul cielo llevada al cuello.

Los caballeros llevaban dicha cinta en bandolera, cruzándoles el torso de derecha a izquierda, y anudada a la cruz a la altura de la cadera.

Por otro lado, tanto caballeros como comendadores llevaban una gran cruz del Espíritu Santo bordada en hilo de plata o lentejuelas y cosida sobre el pecho, a la altura del corazón.

Durante las solemnes ceremonias, los caballeros revestían el gran manto de terciopelo negro sembrado de llamas bordadas en plata cosidas, y bordeado por motivos que reproducían los del gran collar, y doblado de satén color "fuego" -naranja-.

Los novicios, aspirantes a caballeros de la Orden, solían llevar un jubón de seda y satén blanco combinado con encaje de hilo de plata, corbata de encaje, calzones cortos, medias de seda y jarreteras blancas, con zapatos blancos de punta negra y tacón rojo (el tacón rojo era privilegio de los reyes, príncipes y duques y pares del Reino), completado por una capa corta de terciopelo negro con encaje de plata y sombrero negro a juego y emplumado.






El Delfín y los Infantes de Francia eran Caballeros de la Orden por derecho de nacimiento pero no podían ser recibidos oficialmente hasta cumplir los doce años de edad. Los Príncipes de la Sangre eran admitidos a los 16 años y los Príncipes extranjeros a partir de los 25.

Para el resto de los caballeros y dignatarios de la Orden, era menester tener más de 35 años de edad para ingresar en ella. Las mujeres eran naturalmente excluídas.

Celebraciones

La primera ceremonia solemne de la Orden se produjo en su sede, la Iglesia de los Grandes Agustinos de París, el 31 de diciembre de 1578, fecha de su fundación. Se celebraba anualmente y con toda la pompa que aquello acarreaba: reunión, celebración de una misa, recepción de los nuevos caballeros, juramentos, procesión y banquete.

Es a partir del reinado de Luis XIV cuando se fija una nueva fecha para las ceremonias anuales: el 1 de enero. Con el traslado de la corte y de la Familia Real a Versailles, las celebraciones de la Orden acontecen, a partir de aquel momento, en la Capilla Real de San-Luis de Versailles.

Cuando el Rey imponía el gran collar al caballero, en el momento de la recepción, se le daba también un libro de horas y un rosario con cuentas de marfil, y la obligación implícita de recitar diez oraciones cada día.

Los Reyes Grandes Maestres:



-Enrique III, Rey de Francia, de 1578 a 1589.

-Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra, de 1589 a 1610.

-Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1610 a 1643.

-Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, de 1643 a 1715.

-Luis XV, Rey de Francia y de Navarra, de 1715 a 1774.

-Luis XVI, Rey de Francia y de Navarra, de 1774 a 1791.

Supresión de la Orden del Espíritu Santo entre 1791 y 1814 por decreto de la Asamblea Nacional.

-Luis XVIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1814 a 1824.

-Carlos X, Rey de Francia y de Navarra, de 1824 a 1830.

Abolición de la Orden por Luis-Felipe I, Rey de los Franceses en 1830.




ARNAU LUCAS - RETRATOS DE LA HISTORIA

ALEJANDRO DE VALOIS - LA GLORIA DEL CARDO



Alejandro Eduardo de Valois, coronado Enrique III de Francia, hijo adoptivo predilecto de la bruja Catalina de Médicis, pasaba por ser el hombre más apuesto y voluble de todo el Reino. Sus largos rizos castaños caían en cascadas por su manto blanco de bordados dorados y sus manos igualmente albas diseñaban volteretas espaciadas en el aire con un pañuelo de gasa encharcado de esencias venecianas descubiertas en su último viaje de placer.
Los bellos ojos oscuros apenas giraban en las órbitas con el zambullido interrumpido del Salón. Canseliet, secretario particular de su primo y cuñado Enrique de Navarra actualizaba el Monarca en las fechorías de Hercule, su hermano menor aliado de su peor enemigo, el baluarte de la Cristiandad Romana, el tercer Enrique, apodado cara cortada, de Guise. Pero Alejandro, bajo el aburrimiento mortal que le causaban la Política francesa y por supuesto las Religiones en general, detalle compartido con el segundo Enrique, disponía de un mundo interior riquísimo, efervescente, felizmente oculto, donde se refugiaba de la estupefacción exterior. En este mundo, influenciado en gran medida por Catalina, la melancolía imperaba con sus signos flamantes dibujados en un corazón de pergamino. Pensar en Catalina era recordar à Petit Junot, su ángel favorito, tan rubio, tan ingenuamente bello, cuanto se arrepintió de no haberlo llevado à Polonia consigo, ahora, ni Polonia ni Petits, Catalina casi los sacrifica à todos con el Jacobino apóstata, mil veces maldito. Cuando Carlos agonizaba de una dolencia incurable, el Jacobino le sugirió recurrir à la necromancia, en especial el “oráculo de la cabeza cortada”cuya operación exigía la decapitación de niños dotados de gran belleza y inocencia. Al ver su grupo de ángeles tan reducido le informaron que Catalina se los llevaba siempre à medianoche y en secreto para la capilla del palacio a tomar la primera confirmación y después, en la habitación del agonizante se celebraba una especie de misa del diablo, delante de una de sus imágenes y en presencia de una cruz inversa, el hechicero preparaba dos hostias, una negra y una blanca. La blanca era dada al niño vestido de bautismo, acto seguido les separaban la rubia cabecita del tronco tantas veces amado y aún palpitante de vida colocada en cima de la hostia negra, convocando al demonio que se dignase proferir un oráculo a través del instrumento dispuesto. El oráculo no salvó al entonces Rey de Francia y él la perdonó entonces, no era acaso el producto igualmente fiel al original?
El bullicio que anticipaba un anuncio en el gran salón interrumpió sus pensamientos y el extendido informe de Canseliet que no era escuchado muy atentamente.
El anuncio de que se presentaba un tal Jordanus Brunus Nolanus, Maestro en Filosofía y Artes no contribuyó à disminuir las innumerables chácharas que se reproducían casi al unísono dentre los más variopintos grupos. Súbitamente, el vocerío acalló y Alejandro levantó la vista intrigado: en medio del salón se había detenido la figura más rocambolesca si cabe de su entorno, la capucha negra del hábito dio paso à una mata de pelo igualmente negro y ondulado que molduraban unos ojos de fuego posados fijamente en el Rey.
Pasado el susto de la aparición del monje, Alejandro sacudió el pañuelo en su dirección invitando-o:
- Ah, Maestro Bruno! Adelante, me contenta que hayáis accedido à mi invitación!
El monje negro adelantó unos pasos y hizo una reverencia corta, detalle que no le escapó à nadie.
- Maestro, sus vestimentas me despiertan inquietud y curiosidad, si me puede ayudar…
El tono jocoso del Rey no logró avergonzar al monje que le replicó amablemente:
- No soy un apóstata Majestad, mis circunstancias me superaron pero no las reniego en absoluto. Fue monje dominico y ahora sólo soy un humilde Maestro de Artes.
- Y, corren rumores que son malas artes Maestro, o al menos muy extrañas. Sois adorado por vuestros alumnos, la Universidad teme vuestra reputación y las Academias comparten las más diversas opiniones, de modo que tales controvérsias llegaron a mis oídos. Deseo conoceros y formar mi propia opinión, si le parece bien. Creo que es mi derecho saber quién acapara las atenciones debidas solamente à mí.
Las carcajadas resonaron con el relajamiento decurrente de las últimas palabras del Monarca pero el Monje no pareció inmutarse. Hizo otra corta reverencia y aguardó.
Alejandro fijó la mirada en Bruno y habló de esta vez en un tono que no tenía nada de gracioso: - He oído que sois un Mago Maestro Bruno…
- En que sentido Majestad?
- Vaya Maestro, no sabía que había más sentidos que los sugeridos por la palabra. Nuevamente se oyeran risas.
- Su fama lo ha precedido desde Toulouse, Maestro Bruno, resta saber en que sentido eres Mago y en que tipos de Magias eres versado. Eres capaz de destilar las más bravas esencias en los más ricos afrodisíacos? Eres versado en la ilustre ciencia de la Astrología? Posees el secreto alquímico de la transmutación de los metales? Quizás el don de las videncias le sea natural? O quizás, detén en su poder algún oscuro relicario que le confiere su ciencia tan famosa? Por cual explicación te decantarías Maestro?
El monje escuchó cabizbajo y con las manos cruzadas en el vientre en actitud de serena comprensión. Cuándo percibió que tenía la palabra alzó la vista y una tibia sonrisa se le dibujó en las fauces, hizo un gesto circular con la mano derecha y su figura mediana pareció alzarse portentosamente.
- Permítame aclarar tan grandiosa duda Majestad; vuestra lista me quedaría pequeña. Mi arte es universal y su ciencia es como un crisol que recibiendo el influjo da preciosa scintilla expande sus colores en las más infinitas direcciones.
El Rey se movió sorprendido: - Insinúa que eres un crisol, Maestro Bruno, o más bien, una crisálida, talvez?
Se oyeron nuevamente ricitos ahogados, pero a pesar del tratamiento dado al visitante mitad del salón se mostraba insólitamente quieta, à espera del desenlace dialéctico, como en un ágora.
En la fisonomía del monje no se apreciaban ni una señal de incómodo. Las manos volvieran a su sitio y mantenía los muslos aparentemente relajados. Parecía divertirse con la disputa y diría más, parecía no percibir la alternancia de bullicio y silencio a su alrededor. Sus ojos continuaban serenamente fijos en el Rey.
- La crisálida es un símbolo de transformación a nivel natural, Majestad, en el reino de la Luz operan muchas de ellas y se hacen llamar ‘Alquimistas’, los que transforman; su gloria es efímera pero su influencia permanente. Su deber es ampliar el rayo de esta influencia lo máximo posible, como el crisol reflejado por la scintilla.

Ahora sí el silencio imperaba absoluto, el roce de los vestidos exageradamente adornados apenas se distinguía. La legendaria guardia personal de los cuarenta e cinco asomó nerviosamente por el arco a ver que sucedía y allí se quedó. Canseliet se dio cuenta que hacía rato apretaba el corazón con el puño sin saber porque y se incorporó.
Alejandro Eduardo con un semblante inesperadamente abatido conspiró con el silencio decepcionando à quienes esperaban el reinicio del insólito debate. Entonces se levantó lentamente dejando escurrir el precioso manto dorado en el sillón:
- Reconoces ser uno de estos Alquimistas Maestro? Puedo saber a que juegas “transformar”?

- Únicamente los sueños, Príncipe de Justicia.
- Porque los sueños?
- Porque es la materia que debemos sublimar, la piedra a ser transmutada, la puerta definitiva. Una vez atravesado el umbral de esta puerta ya nada es igual, aquí somos el reverso de allí, y allí el reverso de aquí, las respuestas à todas las preguntas, pero no la interrogación última.
¿Quién guarda la puerta?
¿El que mira hacia delante y hacia atrás.
Spiritu Peregrino






viernes 15 de mayo de 2009

El DISCERNIMIENTO VERDADERO

..."Admito que quienes estudian la Historia puedan tener creencia infantil y conmovedora en el poder organizador de nuestro espíritu y del método en sí, pero deben adelantarse y respectar lo incomprensible, la realidad y originalidad del fenómeno. Estudiar Historia, estimado, no es un juguete, una ocupación infantil e irresponsable…significa entregarse al caos, conservando la creencia en el orden y en el sentido.
Los grandes hombres son para la juventud las pasas en el bolo de la historia universal, e, indudablemente, son parte integrante de su substancia.
No es tan simple ni tan fácil diferenciar los verdaderos grandes hombres de los grandes solo en apariencia. A estos últimos es el momento histórico, su presentimiento y comprensión que les dan la ilusión de grandeza, y no son raros los biógrafos que acreditan ver en el presentimiento de un momento, esto es, en el suceso momentáneo, el distintivo de grandeza.
El sargento que de hoy para mañana se torna dictador, la cortesana que consigue por algún tiempo ejercer influencia sobre el buen o mal humor de un individuo poderoso, son los personajes preferidos de un tal historiador.

Los jóvenes llenos de idealismo al contrario, prefieren los destinos trágicos de los individuos mal sucedidos, de los mártires, que llegaron al mundo temprano o demasiado tarde. Para mí que soy historiador de la Orden Benedictina, lo que más me atrae, lo que más digno de admiración y estudio me parece en la historia universal no son las personas, hechos insólitos o suceso y decadencia, pero sí fenómenos como nuestra congregación, las organizaciones de larga vida, en las que se intenta reunir los sujetos en vista de su alma, donde se pretende ennoblecerlos por el Espíritu – nobleza que es apta a un solo tiempo a servir y dominar.
Lo que me atrajo fueron tentativas como la de los Pitagóricos o de la Academia Platónica, o entre los chinos la larga existencia del sistema Confucionista; Y en nuestra historia occidental son principalmente las iglesias cristianas y las Ordenes que la sirven y les son afiliadas los valores históricos de primera categoría.
El hecho de un aventurero cualquier haber tenido la suerte de conquistar o fundar un reino que tendrá la duración de veinte, cincuenta o mismo cien años, o un idealista bienintencionado pretender una política más honesta, o realizar un sueño cultural, o el hecho de que un pueblo, o comunidad, haber realizado o soportado cosas inauditas bajo una presión exterior, todo eso ha dejado hace mucho de tener para mí interés.

El hecho de que congregaciones como la de los benedictinos, dominicanos, y más tarde jesuitas, existieren hace siglos y después de todos esos siglos, pasando por todas las diferentes formas de evolución, corrupción, adaptación y dominio, conservaren todavía su voz, sus actitudes e su alma individual, este es para mí el fenómeno más notable y respetable de la historia.
-…Cada uno de nosotros es apenas un hombre, apenas una experiencia, algo que se encamina. Debemos encontrarnos en un camino en el que la perfección también se encuentra, debemos aspirar al centro, no a la periferia.
-Ah! Si pudiéramos al menos adquirir sabiduría! Si existiese una enseñanza en la que pudiésemos creer! Todas las cosas se contradicen y en ninguna parte existe la certeza. A todo se le puede dar un significado, o el significado contrario. Podemos presentar la historia universal como un proceso de evolución y progreso, y considerarla al mismo tiempo decadencia y absurdo. No existirá la verdad? No existe una enseñanza genuina y válida?
-…Existe la verdad, estimado! Pero la enseñanza que deseas, absoluta, perfecta, la única capaz de conducir a la sabiduría, esta no existe. Tú no debes aspirar a la enseñanza perfecta mi amigo, mas al perfeccionamiento de ti propio. La Divinidad está dentro de ti, y no en conceptos y libros.”


El juego de abalorios, Herman Hesse.




jueves 7 de mayo de 2009

Ars Memoriae en las Órdenes Religiosas



"El saber que se recopila pacientemente en nuestros monasterios a través de la lectura y el estudio de los textos antiguos, principalmente griegos y latinos, comprende sin duda lo saben, dos ramas fundamentales: el saber del verbo y el saber de los números.

Cada uno de ellos representa una de las dos facetas del conocimiento, las dos facetas de lo que nosotros llamamos Artes Liberales. El saber del verbo, el Trivium, que incluye la gramática, la retórica y la dialéctica, está orientado hacia el arte de la palabra, el arte mayor donde los haya.


No obstante, por muy interesante e importante que sea, yo no tenía intención de profundizar en esa matéria. Me apasionaba la arquitectura y me sentía mucho más atraído por el saber de los números, el Quadrivium, directamente relacionado con mis inquietudes, puesto que permite comprender la función esencial de los números en la Creación y, en consecuencia, dominar el arte de construir.


...Así aprendi su auténtica naturaleza tal y como la entendieron los filósofos griegos, además de sus significados religiosos, unas propriedades a las que la cristiandad recurre continuamente".
EL CÓDIGO CLUNY, Jean-Paul Lemonde



jueves 30 de abril de 2009

Un parentesis para presentar un amigo: James Nava



Las milicias paramilitares irrumpieron en Wild Creek, pero no contaban con la vieja leyenda india sobre lobos, ni con el hombre de la CIA.

Una combinación explosiva de thriller político, espionaje y ecología.

Un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas.

Una historia de amor apasionado y alto voltaje erótico en medio del enfrentamiento entre rancheros y ecologistas.

Unos documentos vitales que desvelan un secreto de la CIA.

Un hombre en busca de justicia. Una mujer en busca del amor y el conocimiento de los lobos.

Una maravillosa historia de amor a la naturaleza y de lealtad a los ideales en circunstancias adversas.


Jason Rovin se refugia en el hogar de su infancia, un rancho en Montana, alejándose de Langley y su vida en la CIA durante los últimos diez años, tras huir con un maletín lleno de documentos clasificados como alto secreto.
Mientras se dirige a Wild Creek, conoce accidentalmente a Catherine Rush, una bióloga que estudia a los lobos de la zona. Los dos inician una buena amistad y colaboran para averiguar el extraño comportamiento de éstos.
Entretanto, empiezan a aparecer misteriosas amenazas de muerte contra la bióloga y el sheriff de la localidad. Jason y Catherine descubren, durante una de sus incursiones en las montañas, la presencia de un campamento de milicias paramilitares, liderado por un terrorista neonazi internacional.
Al tiempo que la presencia de una creciente manada de lobos alarma a todos los rancheros de la zona, los siniestros planes de un banquero local, apuntan hacia una compleja e inquietante trama que llevará las vidas de todos al límite y pondrá a Wild Creek como foco de atención de toda la prensa.
Los documentos secretos que guarda Jason Rovin, se convertirán en claves para la intervención de la CIA y el FBI en el asunto.


Con un argumento que combina acción, aventuras, intriga, y sentimientos de una forma amena y electrizante, diálogos llenos de humor y una narración absorbente, Lobo Gris refleja valores como la amistad, la lealtad, el valor, la libertad, y el amor, a través de unos personajes que ponen de manifiesto lo maravilloso y lo miserable que encierran los seres humanos, y nos transporta a un mundo casi perdido en las montañas Rocosas de Montana.

Una historia mágica sobre lobos, alta política y espionaje, que se mezclan en una novela emocionante de la primera a la última página, con capítulos perfectamente conseguidos que arrancarán emociones encontradas.

El autor nos conduce al mundo de los ranchos en el Oeste americano, con un misterio de fondo que va in crescendo, y la presencia inquietante de unas milicias paramilitares.

Todo un homenaje al mundo del Western americano y sus valores tradicionales, así como un testimonio realista de los entresijos de los Servicios de Inteligencia y el alcance de sus operaciones clandestinas.

Una historia muy visual, en la que podremos descubrir tanto las viejas leyendas indias como la vida interior de un agente de la CIA. Una novela bien escrita, con un ritmo que acelera a medida que pasan las páginas y los personajes se van asomando, con una atmósfera bien recreada, donde transcurre la acción, y con guiños evidentes a la música country.
Novela muy recomendable para los aficionados al thriller político, de espionaje, las historias románticas, y las aventuras ecológicas.
Vídeo-booktrailer de promoción:
http://www.youtube.com/watch?v=23KUUix3Gpo

“Lobo Gris”, James Nava
Editorial El Tercer Nombre.
560 páginas.
P.V.P. 22 euros.
ISBN: 978-84-96693-14-2
Formato: Rústica

Más información en:
www.jamesnava.com
www.eltercernombre.com

Puntos de venta en la web:

http://www.eltercernombre.es/libros/60/
www.casadellibro.com www.elcorteingles.es www.fnac.es
http://www.diegomarin.com/ficha_libro.cfm?id_articulo=462166&id_materia=10576&filainicio=1&seccion=MT

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Críticas en Medios de Comunicación


Tiene el encanto de las novelas clásicas, con pinceladas de enorme talento.
Un thriller impresionante, que recupera el conocimiento de los lobos y las leyendas indias.
Captura todo lo hermoso y lo despiadado de los seres humanos. Atrapa en sus páginas toda la belleza salvaje y dura de las Montañas Rocosas. LA RAZÓN.
LA VANGUARDIA: Retrata con gran riqueza de matices las personalidades de los agentes de la CIA y el mundo de los lobos. Una novela tremendamente gratificante.
EL PAÍS: Un thriller fascinante, culto y muy bien documentado. Un argumento audaz, cautivador, y entretenido. El autor conjuga hábilmente inteligencia y suspense. Un vívido retrato de la vida en las montañas Rocosas y un ingenioso uso de las claves de las novela de espías.
ANTENA 3: James Nava narra con pericia una historia que resulta absorbente, extraordinariamente bien ambientada en el Oeste americano, con un estudio psicológico de los personajes muy notable y una intriga emocionantísima. Es una novela inteligente, excitante y entretenida. El autor usa sus enormes conocimientos para contarnos el universo de los lobos y la historia de un agente de la CIA.
PÁGINA 2 – TVE: Hay muchos libros que merece la pena leer y que apenas reciben atención mediática. Es el caso, por poner un ejemplo, de “Lobo Gris”, de James Nava (Editorial El Tercer Nombre). Una novela que nos introduce en el fascinante mundo de los lobos y de uno de los centros de poder que más comentarios suscita: la CIA. La narración, que se produce de forma trepidante, nos conduce desde las montañas de Montana hasta las operaciones clandestinas de la CIA.“Lobo Gris” destaca por su pulcritud literaria y un ritmo sobresaliente, por su perfecta ambientación, y por contarnos una historia real, actual y creíble, con una fuerza vibrante que convierten a James Nava en un novelista de primera fila.
Los grandes medios de comunicación tienden a fijar su atención en los consagrados, pero de tanto en tanto surgen escritores como James Nava, que combinan de manera natural el rigor y el entretenimiento, permitiendo que atisbemos el mundo que nos rodea con una sensibilidad envidiable. Creo que la mejor novedad del año es “Lobo Gris”, por sus enormes cualidades, aún por descubrir para mucha gente.
DIARIO ABC: “Lobo Gris” es un relato brillante que te mantendrá pegado a sus páginas hasta el final. James Nava maneja con habilidad los recursos del espionaje y el ecologismo e introduce en su novela más sorpresas y giros imprevistos que diez escritores de thriller juntos. La trama está tan bien elaborada y presentada que te mantendrá en vilo, pero te hará disfrutar cada capítulo. El ritmo es sostenido y la acción imprevisible. Una lectura obligada y sorprendentemente entretenida.